En el mundo campesino, las semillas no son solo un producto. Son memoria, alimento, historia familiar y vida.
En San Clemente, el Sindicato Flor del Llano y la Federación de campesina de la Región del Maule prepara una nueva etapa para su Banco de Semillas, mientras crece la preocupación por normativas que podrían afectar el intercambio campesino de semillas tradicionales.
Semillas que guardan memoria
En el mundo campesino, las semillas no son solo un producto. Son memoria, alimento, historia familiar y vida. Cada semilla guardada representa años de trabajo, conocimiento y cuidado de la tierra.
Por eso, el Banco de Semillas en la comuna de San Clemente, es mucho más que un espacio de resguardo. Es una forma de proteger las semillas campesinas, promover su intercambio y mantener viva una práctica ancestral.
Una etapa de receso y reorganización
Actualmente, el banco se encuentra en una etapa de receso y reorganización. Durante 2025 no se realizó intercambio, luego de que parte de las semillas sufriera un golpe de calor que afectó su desarrollo. Algunas no florecieron ni respondieron como se esperaba.
Desde el sindicato han decidido transparentar este proceso y preparar mejoras para el futuro. Entre ellas, se proyecta proteger mejor el espacio del calor, generar sombra natural, aislar un container con fardos y habilitar una zona para almácigos, que también pueda ser utilizada en visitas educativas con estudiantes.
Prepararse para un nuevo ciclo
La dirigenta Beatriz González explicó que la idea es reactivar el banco y avanzar hacia el quinto intercambio de semillas, proyectado para fines de julio. En invierno comienza una etapa clave: se planifica, se recolecta y se prepara la tierra. Ya hay campesinos plantando ajo en menguante, respetando los ciclos naturales y los saberes heredados.
Preocupación por las nuevas normativas
Pero este trabajo ocurre en medio de una preocupación mayor. Beatriz González advierte con inquietud las recientes consultas públicas del SAG en materia de semillas, especialmente porque podrían abrir la puerta a más exigencias, controles y barreras para quienes guardan, comparten o intercambian semillas campesinas.
“Me molesta no tener toda la información del SAG. Estoy en contra de esa búsqueda”, señaló la dirigenta, recordando el caso de campesinas como la señora Margarita, quien por más de 100 años ha conservado semillas junto a su familia.
Intercambiar semillas no es delito
Para el mundo campesino, intercambiar semillas no es un delito ni una actividad comercial cualquiera. Es una práctica ancestral, comunitaria y natural. Es la forma en que las familias han protegido la biodiversidad, alimentado a sus comunidades y mantenido vivas variedades que no pueden quedar en manos de grandes empresas o intereses privados.
Por eso, la sola idea de que campesinos y campesinas puedan ser tratados como infractores o delincuentes por compartir semillas resulta profundamente injusta. ¿Qué clase de ley puede ponerse por encima del ciclo de la tierra? ¿Cómo se puede castigar una práctica que ha existido desde siempre y que sostiene la vida?
Defender las semillas es defender el futuro
Desde San Clemente, el Sindicato Flor del Llano levanta una voz clara: las semillas campesinas no son mercancía. Son vida, memoria y soberanía alimentaria.
El banco está en pausa, pero no detenido. Está preparándose para volver con más fuerza, porque cuidar las semillas también es defender el futuro del campo.











